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    9/25/2007

    *ANDY WARHOL

     Pulsa F11

    Andy Warhol, el rey de Internet

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    Convirtió el arte en un objeto de consumo y fue rey del arte pop. Hoy, Andy Warhol está a punto de ser uno de los artistas más cotizados del mundo. Y no sólo eso, desde hace tiempo es el pintor más buscado en Google. ¿Será que las tendencias del ciberespacio empiezan a tener su peso en el mercado del arte? El año pasado, Warhol movió más de 150 millones de euros, amenazando así la posición de Picasso, el líder entre los más caros.

     

     
     


     

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    Escalando posiciones

    Pobre e hijo de emigrantes checos, ansiaba el dinero y la fama. Y lo consiguió. A día de hoy, Andy Warhol anda pisándole los talones al malagueño Pablo Picasso en volumen de negocio. Ellos dos son los principales protagonistas del desarrollo que últimamente experimenta el negocio internacional del arte. Dos maestros que se disputan el primer puesto en el ranking de los más cotizados.

    De momento en el mercado todavía gana Picasso. El año pasado el pintor español movió 254 millones de euros, una cifra por encima de los 150 millones de Warhol. Pero los expertos están seguros que le queda poco tiempo en el número uno del podium. Y es que mientras Picasso ya cuenta con mucha obra colocada en colecciones institucionales y, por lo tanto, comercialmente paralizada, la inacabable producción de Warhol, la mayoría en manos de coleccionistas privados, promete proporcionar un “subidón” a su racha millonaria.

    El rey en Internet

    En Internet las tornas ya han cambiado. En el mundo cibernético Warhol gana a Picasso. Según
    Google Trends, una herramienta de Google para conocer las tendencias que siguen los millones de búsquedas que se hacen cada día a través de su página, Warhol es mucho más buscado que Picasso y que otros grandes como Willem de Kooning o Jackson Pollock, también en lo alto del ranking de los artistas más caros de la historia.

    A la gente le interesa el pop art y su prolífico rey. Por eso, quizá esa tendencia que marca Google se traduzca en una tendencia del mercado del arte, y en la prueba de que Internet es una buena fuente para conocer nuevos rumbos en sectores tan importantes como el del arte o el de la cultura.

    Más información:
    Mira la información que ofrece Google Trends y mira obras de arte pop en Artelista. 
     
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    123 probandoooooooooo el WLW

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    fui a lo de nyn y está chata  x no poder subir imágenes

    veremos si yo puedo

    9/24/2007

    *MARCEL MARCEAU.. CALLADAMENTE HA PARTIDO

      

       

     

    Un minuto de silencio por Marceau

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    En Francia, su país natal, siguen los tributos para el gran mimo Marcel Marceau, quien falleció el pasado sábado, a los 84 años de edad.

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    Una vida dedicada al arte

    Marcel Marceau - aclamado universalmente como el más grande mimo del mundo, nació el 22 de marzo de 1923 en Estrasburgo, Francia. Su interés por el arte de la pantomima comenzó desde su infancia, inspirado por artistas del cine mudo como Charlie Chaplin, Buster Keaton, Harry Langdon, Harold Lloyd, y Laurel & Hardy.

    En 1944 se matriculó en la Escuela de Arte Dramático "Charles Dullin" del Teatro Sarah Bernhardt en París, donde cursó estudios con su Maestro de la pantomima Etienne Decroux, quién también enseñó a Jean-Louis Barrault. Se reclutó en el primer Ejército de Liberación y participo en la campaña alemana, al lado de las tropas americanas.

    En mayo de 1946, entró a la Compañía de Barrault, y se le asignó la interpretación del papel del Arlequín en la pantomima Baptiste, papel interpretado por el mismo Barrault en la famosa película Les Enfants du Paradis. Marceau continuó trabajando con Decroux hasta 1948.

    En 1947, Marcel Marceau creó su famoso personaje, "Bip", con una cara blanca, ropa de payaso de anchos pantalones, una camisa marinera y una chistera vieja y deformada.

    Algunos clásicos de su repertorio eran: "El fabricante de máscaras", "El jardín Público", y el famoso "Adolescencia, madurez, vejez y muerte", del que un crítico dijo, "él logró en menos de cinco minutos lo que la mayoría de novelistas no hacen en volúmenes."

    En 1948 recibió el famoso premio Deburau (establecido en memoria del grande del siglo 19, Pierrot). Marcel Marceau fundó su Compañía de pantomima Marcel Marceau - La única compañía de pantomima en el mundo en esa época - y se presentó en los mejores teatros de París así como también en otros teatros de Europa, Canadá y América del Sur. Con su compañía, produjo, dirigió y presentó 26 mimodramas, incluyendo "Pierrot de Montmartre", "The 3 Wigs", "The Pawn Shop", "14th July", "The Wolf of Tsu-Ku-Mi", "Paris laughs - Paris cries", y "Don Juan".

    Marcel Marceau realizó su primera gira por los Estados Unidos de América en 1955-56, poco tiempo después de su debut en Norte América en el Festival de Stratford (Ontario). Esta primera gira en los Estados Unidos terminó exitosamente en el "City Center" de Nueva York en la primavera de 1956 después de hacer presentaciones ante un gran número de personas en San Francisco, Chicago, Washington, Philadelphia, Los Angeles, y otras grandes ciudades y universidades.

    Desde entonces, regularmente realizó giras en los Estados Unidos de América durante más de 40 años y sus giras transcontinentales han incluido a América del Sur, el norte y el sur de África, Israel, Australia y Nueva Zelandia, Japón, India, China, Asia sudoriental , Rusia y toda Europa. Durante casi 40 años, la actividad de Marcel Marceau en América del Norte fue emprendida con la colaboración del Sr. Ronald Wilford en una relación profesional considerada como una de las más exitosas y duraderas en el mundo del entretenimiento.

    Millones de americanos se han familiarizado, a través de sus diversas apariciones televisivas, con el arte del Sr. Marceau. Recibió dos premios Emmy por sus programas de televisión ("The Maurice Chevalier Show" y "Laugh In"). Se presentó en la BBC interpretando a 17 personajes diferentes en "A Christmas Carol" en 1973, y también en 13 películas producidas por la Enciclopedia Británica incluyendo a su personaje Bip y estilos de pantomima. Ha sido invitado en los programas de televisión de Johnny Carson, Merv Griffin, Mike Douglas, y Dinah Shore, y ha actuado en conjunto con Red Skelton en tres conciertos de pantomimas.

    Marcel Marceau demostró su versatilidad en cinematografía, tales como Barbarella con Jane Fonda, dirigida por Roger Vadim; Shanks, dirigida por Bill Castle, en la que combina su arte del silencio interpretando a un titiritero sordomudo y a un científico loco parlante. En la película muda de Mel Brooks la única palabra que dijo fue ("No").

    Los niños se han deleitado con "The Alphabet Book" y "Marcel Marceau Counting Book". Otras publicaciones de sus pinturas, poesía e ilustraciones incluyen "La ballade de Paris et du Monde", "Les Réveries du Bip", "The Story of Bip" (Harpers and Row), "Pimporello" (Belfond Paris), y "The Third Eye" (Paris Lithoprint).

    El Gobierno francés le ha conferido al Sr. Marcel Marceau sus más grandes honores: "Officier de la Légion d'Honneur", "Commandeur des Arts et Lettres", y "Grand Officier de l'Ordre National du Mérite". El ha sido elegido miembro de la Academia de Artes en Berlin, de la Academia de Artes en Munich, y fue  miembro del prestigioso Instituto de Francia. Su Escuela Internacional de Mimodrama de Paris, la cual ofrece dos años de curriculum, ha sido subsidiada por la Ciudad de París desde 1978.

    El Sr. Marceau tenía doctorados honorarios de la Universidad de Princeton , de la Universidad del Estado de Ohio, del "Linfield College", y de la Universidad de Michigan en Ann Arbor. De esta manera América honra a Marcel Marceau por la creación de una forma nueva de arte, heredada de una antigua tradición.

    Los años 1997-98 marcan el 50 aniversario del famoso personaje de Marcel Marceau "BIP". En esa época, creó con su compañía un nuevo mimodrama, "The Bowler Hat", presentado en París en el "Espaçe Pierre Cardin" durante dos meses con gran éxito, y desde entonces ha sido presentado en Londres, Tokio, Taipei, Caracas, Santo Domingo, Valencia (Venezuela), Munich y Nueva York, como también en una gira por Francia. Desde 1999, cuando Marceau regreso con su clásica presentación a Nueva York y San Francisco después de 15 años de ausencia en donde se agotaron las entradas, su carrera en América ha disfrutado de un remarcable renacimiento con un ínteres especial de la tercera generación. Desde entonces se ha presentado por contrato en teatros americanos legendarios tales como el Teatro Ford en Washington, DC y el Teatro de Repertorio en Cambridge, MA, con aclamación desbordante, lo cual demuestra el interés eterno por el trabajo y la maestría de este original artista. El trabajo de Marceau tiene significado en la capacitación, no solamente de los mimos si no también de los bailarines y actores. Su  gira por dos semanas en Columbus, Ohio, y Ann Arbor, Michigan, que incluye además de enseñanza también interpretación. En Ann Arbor, el participó como invitado en la prestigiosa Conferencia img340/2756/marcellogolgeh4.jpgWallenberg, en donde dio una charla sobre sus años en la Francia ocupada por los nazis, y se le otorgó el codiciado honor de la Universidad de Michigan "Ford Honors". Allí ofreció su primer taller dirigido específicamnete a bailarines.

    En Nueva York, en la sede de las Naciones Unidas asumió como embajador cultural de ésta  para la 3ª edad. Él y su creación más famosa, Bip, le regaló al mundo otra sonrisa.

    ¡¡   LOS QUE TUVIMOS EL PLACER Y EL GOCE DE ADMIRARTE SOBRE UN ESCENARIO TE DAMOS LAS GRACIAS  !!

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    *DE EDUARDO GALEANO.

     
     
    El Nombre Encontrado
    Eduardo Galeano

             En la sierra mexicana de Nayarit había una comunidad que no tenía nombre. Desde hacía siglos andaba buscando nombre esa comunidad de indios huicholes. Carlos González lo encontró, por pura casualidad.
             Este indio huichol había venido a la ciudad de Tepic para comprar semillas y visitar parientes. Al atravesar un basural, recogió un libro tirado entre los desperdicios. Hacía años que Carlos había aprendido a leer la lengua de Castilla, y mal que bien podía. Sentado a la sombra de un alero, empezó a descifrar páginas. El libro hablaba de un país de nombre raro, que Carlos no sabía ubicar pero que debía estar bien lejos de México, y contaba una historia de hace pocos años. En el camino de regreso, caminando sierra arriba, Carlos siguió leyendo. No podía desprenderse de esta historia de horror y de bravura. El personaje central del libro era un hombre que había sabido cumplir su palabra. Al llegar a la aldea, Carlos anunció, eufórico:
             -¡Por fin tenemos nombre!
             Y leyó el libro, en voz alta, para todos. La tropezada lectura le ocupó casi una semana. Después, las ciento cincuenta familias votaron. Todas por sí. Con bailares y cantares se selló el bautizo.
             Ahora tienen cómo llamarse. Esta comunidad lleva el nombre de un hombre digno, que no dudó a la hora de elegir entre la traición y la muerte:


             -Voy para Salvador Allende dicen, ahora, los caminantes. 
     
    9/19/2007

    *EL LIBRO DE ARENA / JORGE LUIS BORGES

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     EL Libro de Arena, Jorge Luis Borges


    La línea consta de un número infinito de puntos; el plano, de un número infinito de líneas; el volumen, de un número infinito de planos; el hipervolumen, de un número infinito de volúmenes... No, decididamente no es éste, more geometrico, el mejor modo de iniciar mi relato. Afirmar que es verídico es ahora una convención de todo relato fantástico; el mío, sin embargo, es verídico.
    Yo vivo solo, en un cuarto piso de la calle Belgrano. Hará unos meses, al atardecer, oí un golpe en la puerta. Abrí y entró un desconocido. Era un hombre alto, de rasgos desdibujados. Acaso mi miopía los vio así. Todo su aspecto era de pobreza decente. Estaba de gris y traía una valija gris en la mano. En seguida sentí que era extranjero. Al principio lo creí viejo; luego advertí que me había engañado su escaso pelo rubio, casi blanco, a la manera escandinava. En el curso de nuestra conversación, que no duraría una hora, supe que procedía de las Orcadas.
    Le señalé una silla. El hombre tardó un rato en hablar. Exhalaba melancolía, como yo ahora.
    -Vendo biblias -me dijo.
    No sin pedantería le contesté:
    -En esta casa hay algunas biblias inglesas, incluso la primera, la de John Wiclif. Tengo asimismo la de Cipriano de Valera, la de Lutero, que literariamente es la peor, y un ejemplar latino de la Vulgata. Como usted ve, no son precisamente biblias lo que me falta.
    Al cabo de un silencio me contestó:
    -No sólo vendo biblias. Puedo mostrarle un libro sagrado que tal vez le interese. Lo adquirí en los confines de Bikanir.
    Abrió la valija y lo dejó sobre la mesa. Era un volumen en octavo, encuadernado en tela. Sin duda había pasado por muchas manos. Lo examiné; su inusitado peso me sorprendió. En el lomo decía Holy Writ y abajo Bombay.
    -Será del siglo diecinueve -observé.
    -No sé. No lo he sabido nunca -fue la respuesta.
    Lo abrí al azar. Los caracteres me eran extraños. Las páginas, que me parecieron gastadas y de pobre tipografía, estaban impresas a dos columnas a la manera de una biblia. El texto era apretado y estaba ordenado en versículos. En el ángulo superior de las páginas había cifras arábigas. Me llamó la atención que la página par llevaba el número (digamos) 40.512 y la impar, la siguiente, 999. La volví; el dorso estaba numerado con ocho cifras. Llevaba una pequeña ilustración, como es de uso en los diccionarios: un ancla dibujada a la pluma, como por la torpe mano de un niño.
    Fue entonces que el desconocido me dijo:
    -Mírela bien. Ya no la verá nunca más.
    Había una amenaza en la afirmación, pero no en la voz.
    Me fijé en el lugar y cerré el volumen. Inmediatamente lo abrí. En vano busqué la figura del ancla, hoja tras hoja. Para ocultar mi desconcierto, le dije:
    -Se trata de una versión de la Escritura en alguna lengua indostánica, ¿no es verdad?
    -No -me replicó.
    Luego bajó la voz como para confiarme un secreto:
    -Lo adquirí en un pueblo de la llanura, a cambio de unas rupias y de la Biblia. Su poseedor no sabía leer. Sospecho que en el Libro de los Libros vio un amuleto. Era de la casta más baja; la gente no podía pisar su sombra, sin contaminación. Me dijo que su libro se llamaba el Libro de Arena, porque ni el libro ni la arena tienen ni principio ni fin.
    Me pidió que buscara la primera hoja.
    Apoyé la mano izquierda sobre la portada y abrí con el dedo pulgar casi pegado al índice. Todo fue inútil: siempre se interponían varias hojas entre la portada y la mano. Era como si brotaran del libro.
    -Ahora busque el final.
    También fracasé; apenas logré balbucear con una voz que no era la mía:
    -Esto no puede ser.
    Siempre en voz baja el vendedor de biblias me dijo:
    -No puede ser, pero es. El número de páginas de este libro es exactamente infinito. Ninguna es la primera; ninguna, la última. No sé por qué están numeradas de ese modo arbitrario. Acaso para dar a entender que los términos de una serie infinita admiten cualquier número. Después, como si pensara en voz alta:
    -Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito estamos en cualquier punto del tiempo.
    Sus consideraciones me irritaron. Le pregunté:
    -¿Usted es religioso, sin duda?
    -Sí, soy presbiteriano. Mi conciencia está clara. Estoy seguro de no haber estafado al nativo cuando le di la Palabra del Señor a trueque de su libro diabólico.
    Le aseguré que nada tenía que reprocharse, y le pregunté si estaba de paso por estas tierras. Me respondió que dentro de unos días pensaba regresar a su patria. Fue entonces cuando supe que era escocés, de las islas Orcadas. Le dije que a Escocia yo la quería personalmente por el amor de Stevenson y de Hume.
    -Y de Robbie Burns -corrigió.
    Mientras hablábamos yo seguía explorando el libro infinito. Con falsa indiferencia le pregunté:
    -¿Usted se propone ofrecer este curioso especimen al Museo Británico?
    -No. Se lo ofrezco a usted -me replicó, y fijó una suma elevada.
    Le respondí, con toda verdad, que esa suma era inaccesible para mí y me quedé pensando. Al cabo de unos minutos había urdido mi plan.
    -Le propongo un canje -le dije-. Usted obtuvo este volumen por una rupias y por la Escritura Sagrada; yo le ofrezco el monto de mi jubilación, que acabo de cobrar, y la Biblia de Wiclif en letra gótica. La heredé de mis padres.
    -¡A black letter Wiclif! -murmuró.
    Fui a mi dormitorio y le traje el dinero y el libro. Volvió las hojas y estudió la carátula con fervor bibliográfico.
    -Trato hecho -me dijo.
    Me asombró que no regateara. Sólo después comprendería que había entrado en mi casa con la decisión de vender el libro. No contó los billetes, y los guardó.
    Hablamos de la India, de las Orcadas y de los jarls noruegos que las rigieron. Era de noche cuando el hombre se fue. No he vuelto a verlo ni sé su nombre.
    Pensé guardar el Libro de Arena en el hueco que había dejado el Wiclif, pero opté al fin por esconderlo detrás de unos volúmenes descabalados de Las Mil y Una Noches.
    Me acosté y no dormí. A las tres o cuatro de la mañana prendí la luz. Busqué el libro imposible, y volví las hojas. En una de ellas vi grabada una máscara. El ángulo llevaba una cifra, ya no sé cuál, elevada a la novena potencia.
    No mostré a nadie mi tesoro. A la dicha de poseerlo se agregó el temor de que lo robaran, y después el recelo de que no fuera verdaderamente infinito. Esas dos inquietudes agravaron mi ya vieja misantropía. Me quedaban unos amigos; dejé de verlos. Prisionero del Libro, casi no me asomaba a la calle. Examiné con una lupa el gastado lomo y las tapas, y rechacé la posibilidad de algún artificio. Comprobé que las pequeñas ilustraciones distaban dos mil páginas una de otra. Las fui anotando en una libreta alfabética, que no tardé en llenar. Nunca se repitieron. De noche, en los escasos intervalos que me concedía el insomnio, soñaba con el libro.
    Declinaba el verano, y comprendí que el libro era monstruoso. De nada me sirvió considerar que no menos monstruoso era yo, que lo percibía con ojos y lo palpaba con diez dedos con uñas. Sentí que era un objeto de pesadilla, una cosa obscena que infamaba y corrompía la realidad.
    Pensé en el fuego, pero temí que la combustión de un libro infinito fuera parejamente infinita y sofocara de humo al planeta.
    Recordé haber leído que el mejor lugar para ocultar una hoja es un bosque. Antes de jubilarme trabajaba en la Biblioteca Nacional, que guarda novecientos mil libros; sé que a mano derecha del vestíbulo una escalera curva se hunde en el sótano, donde están los periódicos y los mapas. Aproveché un descuido de los empleados para perder el Libro de Arena en uno de los húmedos anaqueles. Traté de no fijarme a qué altura ni a qué distancia de la puerta.
    Siento un poco de alivio, pero no quiero ni pasar por la calle México.
     
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    9/11/2007

    *ALLENDE * MARIO BENEDETTI

     

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    Santiago de Chile, 11 de septiembre de 1973

    Poema de Mario Benedetti

    Allende

    Para matar al hombre de la paz

    para golpear su frente limpia de pesadillas

    tuvieron que convertirse en pesadilla,

    para vencer al hombre de la paz

    tuvieron que congregar todos los odios

    y además los aviones y los tanques,

    para batir al hombre de la paz

    tuvieron que bombardearlo hacerlo llama,

    porque el hombre de la paz era una fortaleza

     

    Para matar al hombre de la paz

    tuvieron que desatar la guerra turbia,

    para vencer al hombre de la paz

    y acallar su voz modesta y taladrante

    tuvieron que empujar el terror hasta el abismo

    y matar mas para seguir matando,

    para batir al hombre de la paz

    tuvieron que asesinarlo muchas veces

    porque el hombre de la paz era una fortaleza,

     

    Para matar al hombre de la paz

    tuvieron que imaginar que era una tropa,

    una armada, una hueste, una brigada,

    tuvieron que creer que era otro ejercito,

    pero el hombre de la paz era tan solo un pueblo

    y tenia en sus manos un fusil y un mandato

    y eran necesarios mas tanques mas rencores

    mas bombas mas aviones mas oprobios

    porque el hombre de la paz era una fortaleza

     

    Para matar al hombre de la paz

    para golpear su frente limpia de pesadillas

    tuvieron que convertirse en pesadilla,

    para vencer al hombre de la paz

    tuvieron que afiliarse siempre a la muerte

    matar y matar mas para seguir matando

    y condenarse a la blindada soledad,

    para matar al hombre que era un pueblo tuvieron que quedarse sin el pueblo.

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    9/5/2007

    *Bebo & El Cigala / Se me olvidó que te olvidé

     

    SE ME OLVIDÓ QUE TE OLVIDÉ
    (Bebo Vadés & Diego "El Cigala")

      

     


    Yo te recuerdo cariño,
    mucho fuiste para mi,
    siempre te llamé mi encanto,
    siempre te lleve mi vida,
    hoy tu nombre se me olvida.

    Se me olvidó que te olvidé,
    se me olvidó que te dejé,
    lejos mu lejos de mi vida,
    se me olvidó que ya no estás,
    y que ya ni  recordarás,
    y me volvió a sangrar la herida.

    Se me olvidó que te olvidé,
    y como nunca te encontré,
    entre las sombras escondías,
    y la verdad no se porqué,
    se me olvidó que te olvidé,
    a mi que nada se me olvida.

    Yo te recuerdo cariño,
    mucho fuiste para mi,
    siempre te llamé mi encanto,
    siempre te lleve mi vida,
    hoy tu nombre se me olvida ...

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