12/11/2009 CESARIA EVORA
Quienes amamos la música de Cabo Verde, archipiélago volcánico situado a 500 kms. de Senegal y colonia portuguesa hasta la obtención de su independencia en 1975, estamos de enhorabuena. El sello Lusafrica ha editado en España, a través de la discográfica Resistencia, dos obras de gran interés y valor histórico. Un doble CD-Libro, titulado ‘El espíritu y el alma de Cabo Verde’, con temas de Cesaria Evora, Ildo Lobo, Bana, Tito Paris, Boy Ge Mendes, Celina Pereira, Bau, Teofilo Chantre, Luis Morais, Sementera, etc. La segunda referencia es un documento incunable: las primeras grabaciones de Cesaria Evora en Radio Mindelo, cuando sólo tenía 20 años y no era nadie más allá de su ciudad. Entre ambos registros se entrelaza este apasionante viaje al corazón de la música caboverdiana. Los dos estilos definitorios de Cabo Verde son la morna y la coladera . La ‘morna’parece tener sus orígenes en una forma musical angoleña (lundum). Según los musicólogos, el fado tiene una de sus raíces en la misma fuente que la morna, y la suave cadencia de ambas manifestaciones es un nexo común innegable. La influencia recíproca luso-caboverdiana es lógica: Cabo Verde fue colonia portuguesa hasta 1975 y en sus puertos arribaron durante muchos decenios comerciantes, marineros y aventureros en general. Por ejemplo, quien es desde hace 20 años su cantante más prestigiosa, Cesaria Evora, nació en Mindelo, principal puerto del archipiélago situado en la isla de San Vicente, un punto que rebosaba bares, clubes de elite y prostíbulos. En esos bares se curtió la joven Cesaria, cantando desde los 14 años, sin otro pago en muchas ocasiones que la cena.
Desde finales del siglo XIX, la morna absorbe dos influencias: el fado portugués, el toque de la guitarra lusa, su tono romántico; de otro lado, los aires tangueros y samberos brasileños. Pero la morna es un estilo en sí mismo, en su estructura armónica, hasta convertirse en el sonido más identificado con el sentimiento caboverdiano conocido como ‘sodade’ (saudade, para el fado; en castellano, añoranza, tristeza, amor arraigado en las entrañas…). Se toca con una guitarra denominada ‘cavaquinho’(guitarra de cuerpo pequeño y de cuatro cuerdas), guitarra y piano.

La morna comienza a ceder terreno a un nuevo estilo, la ‘coladera’, a principios de los años sesenta. No es un detalle menor que uno de sus grandes compositores, B. Leza, hubiera muerto en 1958. Leza ejerce una notable huella en Cesaria Evora. El padre de ésta, Justino Da Cruz Evora, tocaba el cavaquinho, la guitarra y el violín, y era amigo de Leza. Murió cuando Cesaria contaba con siete años. Su madre, Dona Joana, hubo de sacar adelante una prole de cinco hijos, lo que obligó a Cesaria a ganarse la vida desde muy niña, elemento esencial en su personalidad, trayectoria vital y carrera musical hasta hoy en día, en que a sus 68 años (nació el 27 de agosto de 1941) mantiene las giras internacionales anuales. Uno de sus lugares de obligada visita es España, país en el que goza de enorme predicamento.
El disco con las primeras grabaciones de Cesaria Evora para Radio Barlovento de Mindelo incluye mornas de B. Leza. La más conocida es un clásico en la historia discográfica de Cesaria: ‘Mar azul’, que muchos años después, en 1991, titulará su primer álbum de repercusión transfonteriza. Tenía poco más de 20 años cuando Cesaria Evora se convierte en una de la voces asiduas en las retransmisiones de Radio Mindelo. Sus maneras enamoraron a otro de los grandes compositores caboverdianos, Gregorio Gonçalves, apodado Ti Goy, cinco años antes. Estamos ante el paso de la morna a la coladera, finales de los 50 y principios de los 60. Por aquella época, las cantantes tenían a un músico y compositor como padrino. Ti Goy será el protector musical de Cesaria Evora. Extendía su nombre en cualquier ámbito, sus nuevas canciones eran cantadas por primera vez por Cesaria, ejercía de profesor en esas reuniones musicales espontáneas (en bares, cafés o las propias casas) denominadas ‘tocatinas’. Irrumpe la ‘coladera’ La mayoría de las grabaciones conservadas en las cintas de Radio Barlavento nacen del talento de Ti Goy; son coladeras, y conforman la columna vertebral del disco ‘Radio Mindelo’, lo que nos da pie a adentrarnos en el segundo gran estilo de Cabo Verde, la coladera. Sube el tempo a un pulso de 120, el matiz ahora es vibrante, alegre, satírico, bailongo. Las letras abordan asuntos del día a día, incluso rozando cuestiones políticas. Su origen, más reciente, lo sitúa a mediados del siglo XX, procedente quizá de una aceleración rítmica de la morna, quizá de los ritmos calientes (cumbias, merengues, danzón, etc.) latinoamericanos, quizá de… No existe entre los expertos coincidencia sobre este aspecto. La misma disquera, Lusafrica, editó en 2002 una recopilación de dos CD con una sola protagonista: Cesaria Evora. En el primero, 15 mornas; en el segundo, 17 coladeras.
Fijados los estilos, cada voz hornea los temas a su manera. Un símil parecido lo tenemos en el flamenco: mismos palos y múltiples vías de cantarlos. El doble recopilatorio ‘Ô espirito e a âlma de cabo verde’ ejerce de exquisita guía. Cesaria Evora es la voz de la tímida sensualidad, del fraseo ondulado, del ritmo sincopado que nos mece. Es también una figura muy querida. Pisa nuestros escenarios casi cada año y llega a cantar en lugares tan remotos como Rusia, donde es muy admirada. Celina Pereira muestra una inclinación por el bel canto; Bana, por el staccato; Voz de Cabo Verde Show, banda legendaria de los sesenta, aúna la instrumentación eléctrica y la tradicional. Todos están en este recopilatorio tan recomendado para este verano, cuyos cortes han sido editados en los últimos 20 años. ¡Ah! Ylas fotos que incluye atestiguan la vida cotidiana de sus habitantes en sus barcas de pesca, mercados, playas, tocando en la calle, fondos de volcánica desnudez. Fama a los 50 años Que casi con 50 años, una cantante que se ha dejado la piel en bares de mala muerte, que ha sido ninguneada por un plato de comida, que ha deleitado tanto a marineros portugueses y hombres de clase social baja en tugurios como a las clases pudientes del club Gremio Recreativo Mindelo, consiga el éxito es casi un milagro. Es Cesaria Evora, un prodigio de tenacidad, de sufrimiento, de convertir la necesidad en sublime arte a través de su voz.
El interludio entre fines de los 60 y últimos años de los 80 fuerza a esta mujer a degustar las hieles de la lucha por la supervivencia. Han pasado ya los años de Radio Mindelo, Cabo Verde logra su independencia en 1975, los músicos se olvidan de ella, ya no toca en directo, entra en depresión que acompaña con la bebida. Los varios intentos de reflotar su carrera sucumben, sus grabaciones de finales de los 80 logran una escasa repercusión. Así hasta ‘Mar Azul’, grabación de 1991. Luego llegaría ‘Miss Perfumado’, 1992, con unas ventas de miles de copias y que elevan a Cesaria Evora al rango que ocupa en la actualidad: la gran voz de Cabo Verde. Pero, ¿qué pasa en ese interludio de 20 años? Lo sintetiza Carlos Filipe Gonçalves, periodista y músico, en la información incluida en el disco ‘Radio Mindelo’: “A pesar de su temprano éxito –gracias a sus apariciones en Radio Barlavento– , Cesaria Evora permaneció firmemente atada a la vida provincial de Mindelo con sus ‘tocatinas’ en bares, lejos del reconocimiento de las compañías de discos. (…) Esto permitió a la gran diva –conocida como la ‘diva de los pies descalzos’en sus actuaciones-madurar en su arte, profundizar en las raíces auténticas de la morna y la coladera. (…) Cuando volvió –al primer plano musical– a finales de los 80, la voz y el talento de Cesaria Evora probaron ser los medios ideales de propagar la morna y la coladera en un momento en que cobra relevancia la ‘Música Étnica’. El resto de la historia es ya un paso tras otro en la afirmación de su nombre en los carteles de los festivales de música de todo el mundo, la publicación de discos con respaldo de ventas y aclamadas críticas periodísticas, entrevistas, giras y giras para dar de comer a su prole. Porque, si algo define a esta gran mujer es que nunca ha olvidado sus orígenes. Fernando Blanco | 15/10/2009 La rumano-alemana Herta Müller ganó el Nobel de Literatura 2009
NOBEL. La escritora rumano-alemana Herta Müller es la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2009, según la Academia Sueca. "No me lo creo, no me lo puedo creer, no lo merezco. Estoy desbordada", declaró a la televisión pública sueca SVT tras conocer que había sido distinguida con el premio. Müller se convierte en la duodécima mujer en recibir el Nobel de Literatura, dos años después de Doris Lessing y cinco más que la anterior premiada en lengua alemana, la austríaca Elfriede Jelinek. La elección de Müller, una de las favoritas, aumenta la sospecha sobre la discreción de la Academia Sueca, que había prometido extremar la seguridad para evitar los hechos del año pasado. En 2008, la casa británica de apuestas Ladbrokes cerró los pronósticos para el Nobel de Literatura horas antes del fallo por un aumento espectacular en las apuestas por el francés Jean-Marie Le Clézio, que acabó ganando. Lo mismo se ha repetido esta vez con Müller, que escaló posiciones de forma vertiginosa en las apuestas de Ladbrokes en los últimos días hasta situarse segunda tras el israelí Amos Oz. Y al igual que el año pasado, la jefa de Cultura del diario sueco Dagens Nyheter, Maria Schottenius, acertó en su pronóstico sobre el ganador, lanzado hace días, algo que hoy atribuyó, en broma, a la "brujería", negando haber recibido una filtración de la Academia.
LA AGUJA Herta Müller, Premio Nobel de Literatura 2009 Aún hay luz en casa del carpintero. Windisch se detiene. El cristal de la ventana reluce. Refleja la calle. Refleja los árboles. La imagen atraviesa la cortina. Penetra en la habitación por entre los ramilletes deencaje. Junto a la estufa de azulejos hay una tapa de ataúd apoyada en la pared. Aguarda la muerte de la vieja Kroner. Su nombre está escrito sobre ella. Pese a los muebles, la habitación parece vacía entre tanta claridad. El carpintero está sentado en una silla de espaldasa la mesa. Su mujer, de pie ante él, se ha puesto un camisón de dormir a rayas. Tiene una aguja en la mano. De la aguja cuelga un hilo gris. El carpintero tiene el dedo Índice estirado hacia ella. Con la punta de la aguja, su mujer le quita una astilla de la carne. El dedo sangra. El carpintero lo contrae. La mujer deja caer la aguja. Baja los párpados y ríe. El carpintero le mete la mano bajo el camisón. Se lo levanta. Las rayas se enroscan. El carpintero recorre los senos de su mujer con el dedo sangrante. Los senos son grandes. Tiemblan. El hilo gris cuelga en la pata de la silla. La aguja se balancea con la punta hacia abajo. Junto a la tapa del ataúd está la cama. La almohada es de damasco, con lunares grandes y pequeños. La cama está tendida. La sábana es blanca, y el cubrecama también. La lechuza pasa volando ante la ventana. Con un largo aletazo recorre el cristal. Su vuelo es crispado. Bajo la luz oblicua, la lechuza se duplica. Inclinada, la mujer va de un lado a otro ante la mesa. El carpintero le mete la mano entre las piernas. La mujer mira la aguja que cuelga. La coge. El hilo se balancea. La mujer deja resbalar su mano por el cuerpo. Cierra los ojos. Abre la boca. El carpintero la lleva a la cama cogida por la muñeca. Tira sus pantalones sobre la silla. El calzoncillo parece un remiendo blanco entre las perneras. La mujer alza los muslos y dobla las rodillas. Su vientre es de pasta. Sus piernas forman una especie de bastidor blanco sobre la sábana. Encima de la cabecera cuelga una foto en un marco negro. La madre del carpintero apoya su pañuelo de cabeza contra el ala del sombrero de su esposo. En el cristal hay una mancha. Sobre la barbilla de la madre, que sonríe desde la foto. Sonríe ya próxima a la muerte. A un año escaso. Sonríe hacia una habitaciónsituada pared por medio. La rueda del pozo gira porque la luna es enorme y bebe agua. Porque el viento se enreda entre sus rayos. El saco está húmedo. Cuelga sobre la rueda trasera como un cuerpo dormido. «Como un muerto cuelga detrás de mí este saco», piensa Windisch. Windisch siente su sexo tieso y contumaz pegado al muslo. «La madre del carpintero se ha enfriado», piensa Windisch. “El hombre es un gran faisán en el mundo” "Siruela" 2007 Leer más, pdf | 22/09/2009
PABLO NERUDA – ODA A LA PRIMAVERA
Primavera
temible,
rosa
loca,
llegarás,
llegas
imperceptible,
apenas
un temblor de ala, un beso
de niebla con jazmines,
el sombrero
lo sabe,
los caballos,
el viento
trae una carra verde
que los árboles Icen
y comienzan
las hojas
a mirar con un ojo,
a ver de nuevo el mundo,
se convencen.
Todo está preparado,
el viejo sol supremo,
el agua que habla,
todo,
y entonces
salen todas las faldas
del follaje,
la esmeraldina,
loca
primavera,
luz desencadenada,
yegua verde,
todo
se multiplica,
todo
busca
palpando
una materia
que repita su forma,
el germen mueve
pequeños pies sagrados,
el hombre
ciñe
el amor de su amada,
y la tierra se llena
de frescura,
de pétalos que caen
como harina,
la tierra
brilla recién pintada
mostrando
su fragancia
en sus heridas,
los besos de los labios de claveles,
la marea escarlata de la rosa.
Ya está bueno!
Ahora,
primavera,
dime para qué sirves
y a quién sirves.
Dime si el olvidado
en su caverna
recibiò tu vista,
si el abogado pobre
en su oficina
vio florecer tus pétalos
sobre la sucia alfombra,
si el minero
de las minas de mi patria
no conociò
más que la primavera negra
del carbòn
o el viento envenenado
del azufre.
Primavera,
muchacha,
te esperaba!
Toma esta escoba y barre
el mundo.
Limpia
con este trapo
las fronteras,
sopla
los techos de los hombres,
escarba
el oro
acumulado
y reparte
los bienes
escondidos,
ayúdame
cuando
ya
el
hombre
esté libre
de miseria,
polvo,
harapos,
deudas,
llagas,
dolores,
cuando
con tus transformadoras manos de hada
y las manos del pueblo,
cuando sobre la tierra
el fuego y el amor
toquen tus bailarines
pies de nácar,
cuando
tú, primavera,
entres
a todas
las casas de los hombres,
te amaré sin pecado,
desordenada dalia,
acacia loca,
amada,
contigo, con tu aroma,
con tu abundancia, sin remordimiento
con tu desnuda nieve
abrasadora,
con tus más desbocados manantía
sin descartar la dicha
de otros hombres,
con la miel misteriosa
de las abejas diurnas,
sin que los negros tengan
que vivir apartados
de los blancos,
oh primavera
de la noche sin pobres,
sin pobreza,
primavera
fragante,
llegarás,
llegas,
te veo
venir por el camino:
ésta es mi casa,
entra,
tardabas,
era hora,
qué bueno es florecer,
qué trabajo
tan bello:
qué activa
obrera eres,
primavera,
tejedora,
labriega,
ordeñadora,
múltiple abeja,
máquina
transparente,
molino de cigarras,
entra
en todas las casas,
adelante,
trabajaremos juntos
en la futura y pura
fecundidad florida.
 *Fragmentos de mural / Santos Chávez /Alemania
17/09/2009
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“Dicen los arabes que nadie puede leer hasta el fin el Libro de las Noches; las noches son el Tiempo, del que no duerme.”
Jorge Luis Borges.
*La primera metafora es el rio.
Las grandes aguas. El cristal viviente
que guarda esas queridas maravillas
que fueron del Islam y que son tuyas
y mias hoy. El todopoderoso
talisman que tambien es un esclavo;
el genio confinado en la vasija
de cobre por el sello salomonico;
el juramento de aquel rey que entrega
su reina de una noche a la justicia
de la espada, la luna, que esta sola;
las manos que se lavan con ceniza;
los viajes de Simbad, ese Odiseo
urgido por la sed de su aventura,
no castigado por un dios; la lampara;
los simbolos que anuncian a Rodrigo
la conquista de Espana por los arabes
el simio que revela que es un hombre,
jugando al ajedrez; el rey leproso;
las altas caravanas; la montana
de piedra iman que hace estallar la nave;
el jeque y la gacela; un orbe fluido
de formas que varian como nubes,
sujetas al arbitrio del Destino
o del Azar, que son la misma cosa;
el mendigo que puede ser un angel
y la caverna que se llama Sesamo.
*La segunda metafora es la trama
de un tapiz que propone a la mirada
un caos de colores y de lineas
irresponsables, un azar y un vertigo,
pero un orden secreto lo gobierna.
Como aquel otro sueno, el Universo,
el Libro de las Noches esta hecho
de cifras tutelares y de habitos:
los siete hermanos y los siete viajes,
los tres cadies y los tres deseos
de quien miro la Noche de las Noches,
la negra cabellera enamorada
en que el amante ve tres noches juntas,
los tres visires y los tres castigos,
y encima de las otras la primera
y ultima cifra del Senor: el Uno.
*La tercera metafora es un sueno.
Agarenos y persas lo sonaron
en los portales del velado Oriente
o en vergeles que ahora son del polvo
y seguiran sonando los hombres
hasta el ultimo fin de su jornada.
Como en la paradoja del eleata,
el sueno se disgrega en otro sueno
y ese en otro y en otros, que entretejen
ociosos un ocioso laberinto.
En el Libro esta el libro. Sin saberlo,
la reina cuenta al rey la ya olvidada
historia de los dos. Arrebatados
por el tumulto de anteriores magias,
no saben quienes son. Siguen sonando.
*La cuarta es la metafora de un mapa
de esa region indefinida, el Tiempo,
de cuanto miden las graduales sombras
y el perpetuo desgaste de los marmoles
y los pasos de las generaciones.
Todo. la voz y el eco, lo que miran
las dos opuestas caras del Bifronte,
mundos de plata y mundos de oro rojo
y la larga vigilia de los astros.
Dicen los arabes que nadie puede
leer hasta el fin el Libro de las Noches.
Las noches son el Tiempo, del que no duerme.
Sigue leyendo mientras muere el dia
y, Shahrazad te contara tu historia.
| 30/07/2009
Nacido en Santiago de Chile y reconocido como uno de los trovadores mas notables de su generacion, ha desarrollado una labor ininterrumpida desde el ano 1988. Ligado en especial al mundo popular, al de las organizaciones sociales, politicas y al de los medios alternativos ha recorrido inumerables veces, todas las regiones del pais, ademas de Latinoamerica, participando en noviembre del 2007 del III encuentro internacional de la "CANCION NECESARIA" invitando por el Instituto de las Artes Escenicas y Musicales IAEM, del Ministerio para el Poder Popular para la Cultura, Gobierno de Venezuela. Su obra, se encuentra documentada actualmente en un disco que recopila parte del trabajo realizado antes del 2005 llamado "HOJAS DE HIGUERA" Caleidoscopio vol. 1 , disco que se encuentra actualmente liberado en este sitio web. JOSE CERPA S (trovador chileno)
http://www.josecerpa.com/portal/
"ES EL CANTO CONSECUENTE Y PROLETARIO DE MI VOZ EL MAS URGENTE DE CANTAR"
| 03/06/2009 El poeta Marcos Ana relata su dificil adaptación a la vida en libertad tras pasar más de media vida en cárceles franquistas Decidme cómo es un árbol Umbriel-Tabla Rasa Marcos Ana ha reflejado en este libro los recuerdos de su vida. La niñez en su pueblo natal, el compromiso politico, la guerra, la estancia en los penales franquistas por los que pasó, los viajes durante su largo exilio hasta el regreso a España. En esta página se recoge su salida de la cárcel y su primera experiencia amorosa, a los 41 anos. También se ofrece el prologo de José Saramago. MARCOS ANA Fernando Macarro Castillo (este es el verdadero nombre del poeta) nacio en Alconada (Salamanca) en 1920, pero eligio los nombres de sus progenitores, un matrimonio humilde de jornaleros del campo, para firmar sus libros. Desde la adolescencia, en plena Guerra Civil, se entrego al ideal comunista, lo que le costo pasar toda su juventud en las carceles franquistas –23 anos- hasta que salió en libertad.
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Al recobrar la libertad, mi choque con la vida fue lo mas tremendo. Muchas veces, hasta hoy mismo, la gente me pregunta que fue lo mas duro para mi: los veintitres anos de prision, la condena a muerte, la tortura, la separacion de la familia... Yo respondia y respondo siempre con lo mas inesperado: "Lo mas dificil fue la libertad". Me fascinaba sobre todo caminar de noche, mirar al cielo estrellado que durante veintitres anos solo pude ver a traves del pequeno tragaluz de una celda Sabia que el aparato clandestino del partido me sacaria de Espana. A lo unico que me arriesgue fue a llamar a Armando Lopez Salinas. Acudio a la cita con Antonio Ferres El amor lo conocia de oidas solamente. Pase de la adolescencia a la madurez, de los 16 a los 41 anos de golpe, y en ese campo estaba lleno de inhibiciones y complejos Cuando sali de la carcel tuve que iniciar un duro periodo de adaptacion. Me sentia como parachutado en un planeta extrano. Devolvia los alimentos, me mareaba en los vehiculos Cuando sali tuve que iniciar un duro periodo de adaptacion a la vida. Me sentia como parachutado en un planeta extrano. Devolvia los alimentos, me mareaba en los vehiculos, mis ojos enrojecieron, quemados por la luz; me aturdian los espacios abiertos, acostumbrado a las dimensiones cortas y verticales. Nacia a la vida, una vida que tenia que ir descubriendo, casi a tientas, como un recien nacido. En Alcala de Henares habia discurrido mi vida politica durante la guerra y no era lo mas prudente quedarme alli recien salido de la carcel y expuesto a posibles provocaciones. Decidimos que era mas seguro irme a Madrid, a la casa de mi hermano Fabri. Mi hermano estaba casado y con cuatro hijos, a los que tome enseguida gran carino. Tenia una gran ansia de familia, incluso me gustaba ir por las tardes a esperar y recoger a la nina mas pequena, Ana Mari, de cinco o seis anos, a la puerta de su colegio. La primera persona que vi, a excepcion de mi familia, fue al poeta Felix Grande, muy amigo de Jose Luis Gallego, quien le advirtio de mi salida. Fue muy atento conmigo, me llevo a visitar el Museo del Prado y paseamos por Madrid como viejos amigos, aunque acababamos de conocernos. Esos fluidos positivos que algunas veces unen a las personas. No le volvi a ver hasta mi regreso del exilio. No por falta de deseo, sino porque, dada mi situacion tan especial, esperando mi salida de Espana, no queria crearle ningun problema. Hemos comentado muchas veces ese encuentro. Madrid, el Madrid de los sesenta, me causo un gran impacto. No era aquella ciudad bombardeada y oscura que habia dejado veintitres anos antes. Lo que estaba ante mis ojos era una ciudad llena de luz y de vida. Naturalmente, mi conciencia politica y mis informaciones sobre la situacion me permitian comprender que lo que veia era solo la piel reluciente de la ciudad y que debajo de ella hervian graves problemas humanos y sociales. Un dia visite Vallecas, en cuyos arrabales, en esa epoca, habia una concentracion de emigrantes, trabajadores que venian huyendo de la pobreza y el hambre de todas partes de Espana y se hacinaban en centenares de chabolas miserables con improvisados techos de uralita. Era la otra cara del nuevo Madrid que estaba descubriendo. En todos los paises que despues visitaria en mi gira por el mundo, incluso en los mas desarrollados, siempre descubria el rostro desesperado de la pobreza mas extrema, bolsas inmensas de miseria, el contraste brutal entre una riqueza insultante y la depauperacion y el hambre mas indignantes. (...) En medio de tanto asombro y deslumbramiento, las mujeres eran lo que mas fascinacion me producia, pero a la vez lo que mas me intimidaba. Veia pasar una muchacha, me gustaba, y me iba tras ella como un nino tras una golosina, pero no me atrevia a dirigirle la palabra. Era un placer contemplarlas, oir sus voces, observar el ritmo excitante al andar de sus caderas. Las seguia de cerca hasta que desaparecian en un portal o por la boca de un metro. Mi timidez y mi inseguridad no me permitian pasar de ahi.
Me comportaba como un adolescente. Los tres anos antes de ser encarcelado fueron anos de guerra, y anormales, por tanto, para mi. El amor lo conocia de oidas solamente. Pase de la adolescencia a la madurez, de los 16 a los 41 anos de golpe, y en ese campo estaba lleno de inhibiciones y complejos. Una tarde, casi al anochecer, me encontre con un amigo de la infancia, hombre de negocios que, sin participar de mis ideas, me visito alguna vez en la carcel de Porlier. Me invito a dar una vuelta por Madrid y me llevo a conocer algunos cabares que el seguramente frecuentaba. Yo aparentaba cierta indiferencia, pues salia un poco chapado a la antigua y me parecia que no era demasiado responsable visitar esos lugares. Pero miraba a hurtadillas y se me saltaban los ojos viendo a aquellas mujeres excitantes que deambulaban de un lado a otro provocativamente. En un momento, mi amigo miro su reloj y me dijo: "Debo marcharme, tengo invitados en casa y se me esta haciendo tarde. Dame tu telefono y nos vemos otro dia con mas calma". Le di un numero falso, pues dada mi situacion, pendiente de mi salida clandestina de Espana, no era prudente establecer ninguna relacion. -Esperame un minuto -me dijo antes de marcharse. Se perdio en el fondo del salon y volvio con una muchacha preciosa, a la que llamo Isabel. Sin presentarmela siquiera, le dio un billete de quinientas pesetas y le dijo: "Toma, para que pases la noche con este amigo". Era una muchacha delgada y morena, con ojos azules y tan excesivamente joven que en su rostro no habia ni la mas leve huella de su profesion. Me es muy dificil describir ahora como pase aquel momento, pero lo cierto es que cuando me quede a solas con aquella mujer hubiera deseado que me tragase la tierra. No sabia como comportarme. Ella me dijo con tono indiferente: "Bueno, vamonos". Y yo, confuso y con voz entrecortada, le pregunte: "?Adonde?". "Pues... al hotel". -Pero asi, ?sin apenas conocernos? Me gustaria pasear un poco, saber algo mas de nosotros... Era un lenguaje inusual para una prostituta y me miro sorprendida. Y al ver que yo no acertaba a hablar, que me temblaba el cigarrillo en la mano mientras fumaba nervioso, penso que estaba borracho y me devolvio el dinero. Yo, en lugar de retirar el billete, tome con mis dos manos la suya: "No, no, si yo quiero ir contigo, me gustas y lo deseo, pero es que para mi todo esto es muy dificil...". Y balbuceando las palabras, tartamudeando, le conte que acababa de salir de la prision, que era un preso politico, que me habian tenido veintitres anos fuera de la vida, que nunca habia estado con una mujer... Entonces, aquella muchacha, un poco extranada, dulcifico su rostro, sus ojos me miraron de pronto con afecto, o con piedad, no se, y me dio una leccion de humanidad, con una ternura y comprension inesperadas. -Bueno, mira, yo crei que estabas borracho. Ahora cambia todo, y voy a perder hoy contigo unos cuantos servicios esta noche. Me invito a cenar, creo que fue en la Torre de Madrid o en un edificio alto de la plaza de Espana, y vivi, entre temblores, las escenas mas hermosas e increibles. Despues de cenar seguimos un rato charlando hasta que ella me dijo: "?Nos vamos ya al hotel?". El problema para mi seguia siendo el mismo; era como cruzar un rio desconocido, sin saber nadar, lleno aun de inseguridades. Pero ella, riendose, me decia: "No te hagas problemas, tu no tienes que preocuparte de nada, lo voy a hacer yo todo". Y nos fuimos al hotel, donde ella vivia en una habitacion alquilada. Todo resulto mas facil de lo que yo temia. El merito fue de ella. Supere mis inhibiciones, y aquella muchacha, con la mayor sensibilidad y ternura, consiguio que, por primera vez, conociera el amor en una noche inesperada. Despues, en vez de dar "la sesion" por terminada, me pidio que me quedase a dormir con ella. Lo dude un poco: la preocupacion de la familia si no volvia a casa, los policias si notaban mi ausencia... Pero era muy dificil renunciar, me quede y seguimos charlando hasta altas horas de la madrugada. Por la manana me desperto con un beso. Traia una bandeja en sus manos. Habia bajado a la calle a por churros y chocolate, se sento en el borde de la cama y desayunamos juntos. Al despedirnos la estreche con la mayor ternura entre mis brazos, con el corazon en la garganta, sabiendo que no la iba a ver nunca mas. Al llegar a casa encontre a mi hermano disgustado por no haberles avisado de que iba a pasar la noche fuera. Mi cunada, Lola, que habia tomado mi chaqueta para cepillarla, saco de uno de los bolsillos un papel liado como un cigarrillo y me pregunto: "?Que tienes aqui, Fernando?". Tome el papel, en el que venia enrollado el billete que le dio mi amigo y una pequena nota que decia: "Para que vuelvas esta noche". Al leer aquellas palabras, que me parecia oirlas de su propia voz, volvio a mi la fuerza de la sangre y, estremecido por el deseo, me eche a la calle sin quedarme a comer, aun sabiendo que el local no lo abririan hasta las ocho o nueve de la noche. Estaba exaltado, nervioso, deseando vivir un nuevo encuentro. Pero mientras paseaba esperando una hora prudencial para ir al cabaret, me asalto un pensamiento molesto, que fue tomando cuerpo y que me lleno de confusion y contrariedad: la idea de que iba a romper el encanto de mi primera noche con Isabel. Que al volver y "comprar su cuerpo" con aquel dinero, que ademas era suyo, seria como tomar conciencia de que era una prostituta y que yo la iba a prostituir aun mas, como un cliente cualquiera, y a ensuciar y hacer trizas un hermoso recuerdo que queria y debia conservar con toda su pureza y su ternura. Pero otra vez me abrasaba el deseo y mi imaginacion se encendia recordando la noche que pasamos juntos. Y cuando estaba dudando con esos pensamientos enfrentados pase por delante de una floristeria y casi sin pensarlo, con un impulso instintivo, entre y le dije a la vendedora: "Pongame quinientas pesetas de flores". La mujer me miro sorprendida: "?Quinientas pesetas?". -Si, si, quinientas pesetas, escojame las mejores flores. Empezamos a elegir y formamos un ramo majestuoso, donde se mezclaban las orquideas con las magnolias y las rosas. Me parecia inadecuado, ridiculo sobre todo, llevarselo al cabaret donde ella trabajaba y ofrecerselo en aquel ambiente. Tome un taxi, me dirigi al hotel donde pasamos la noche, en la calle Echegaray, y deje en la recepcion el ramo de flores y una sencilla nota que decia: "Para Isabel, mi primer amor". | 09/05/2009 MUJERES
Divago
Se nos asignan días diversos - de la mujer, de la madre, de la secreteria, etc... – días, en general, creados por los fenicios mercaderes, manipuladores de sentimientos, impulsores e incentivadores del consumismo compulsivo. Mañana se celebrará en el mundo el día de la madre. Más yo digo, casi todas hemos sido madres y las que no, procedemos de una de ellas... mujer. Cada día hay miles de mujeres pariendo hijos por todos los rincones de este planeta Cada día es, por ende, el día de nosotras las mujeres-madres No necesitamos una especial fecha para sentirnos queridas … por nuestros seres queridos. Ah! .. y menos aún que nos usen para engrosar las faltriqueras de aquellos rapaces mercaderes. Les dejo un regalo – lleno de sensibilidad – que lo pueden gozar el dia que se les de la gana. Un abrazo … sin distinción de género
L’Anna, que perdida en el tráfago ha andado …
| El Museo Reina Sofia ya ha escogido que grabados de Goya pedira al Museo del Prado para incorporarlos a la coleccion permanente del centro de arte moderno en regimen de prestamo. En total, suman 12 estampas procedentes de las series de Los caprichos (siete), Los desastres de la Guerra (cuatro) y Los disparates (uno). Las obras se iran rotando cada tres meses en tandas de seis para que los delicados papeles no sufran el deterioro causado por la iluminacion. Aqui los dejo para que los gocen, ya que so una gran cronica de su epoca, ironicos y de una critica feroz, con escenas tan macabras y salvajes que ni antes y seguramente tampoco despues han sido reflejadas con tanta crudeza. LOS CAPRICHOS. (7)
La serie de los Caprichos esta compuesta por ochenta estampas publicadas en 1799. Estan consideradas como un hito en la transicion del arte del Antiguo Regimen al arte contemporaneo. Abordan dos temas centrales: el cortejo y la prostitucion, por un lado, y la brujeria.
"El si pronuncian y la mano alargan al primero que llega" En la imagen, Capricho numero 2 (1799). Aguafuerte y aguatinta brunida. 215 x 150 mm.
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Los Chinchillas Capricho numero 50. 1799. Aguafuerte y aguatinta brunida; 219 x 152 mm. | "Si sabra mas el discipulo" Capricho numero 37. 1799. Aguafuerte y aguatinta brunida; 219 x 152 mm. | "Nadie se conoce" Capricho numero 6. 1799. Aguafuerte y aguatinta brunida; 219 x 153 mm. | "El sueno de la razon produce monstruos" Capricho numero 43. 1799. Aguafuerte y aguatinta brunida; 219 x 152 mm. Es quiza el capricho mas celebre de Goya, una advertencia sobre los excesos de la Ilustracion. |
"Hasta la muerte" Capricho numero 55. 1799. Aguafuerte y aguatinta brunida; 219 x 152 mm. | "No hubo remedio" Capricho numero 24. 1799. Aguafuerte y aguatinta brunida; 219 x 152 mm. |
LOS DESASTRES. (4)
El salvajismo de la Guerra de la Independencia centra la serie Los desastres de la guerra, integrada por 82 estampas, las primeras fechadas en 1810 y las ultimas, en 1815. Goya describe con toda crudeza el bano de sangre que sufrio la poblacion. En la imagen "Para eso habeis nacido" Desastre numero 12. Aguafuerte, punta seca, buril y lavis brunido | "Tan poco" Desastre numero 36. Aguafuerte, punta seca, buril y lavis brunido |
"?Que alboroto es este?" Desastre numero 65. Aguafuerte, punta seca, buril y lavis brunido | | "Enterrar y callar" Desastre numero 18. Realizada entre 1810 y 1815, publicada en 1863. Aguafuerte, punta seca, buril y lavis brunido; 163 x 237 mm. | | LOS DISPARATES (1) "Carnaval" | 07/04/2009 Reflotando 
La Llegada de lo Blanco
Artista: Patricia Israel Fecha Inicio: Jueves, 24 de Septiembre de 1992 Exposicion en Sala Chile del Museo Nacional de Bellas Artes, hasta el 18 de Octubre. El tema que enfrenta a la problematica del “encuentro de dos mundos” o el “ descubrimiento de America” abordado por variedad de artistas de los cuales cito a las chilenas Patricia Figueroa (serie buscando a America, Tierra Firme, Homenaje a America); Patricia Israel (La Llegada de lo blanco); junto con el ecuatoriano Nelson Roman (Enfrentamiento entre el indigena y el espanol), entre otros. Pareciera que nos referimos a una materia repetida, pero sin duda existe la posibilidad concreta de desarrollar otro aspecto de esta tematica entregando nuevos resultados ya que cada artista posee su propia individualidad dada por su experiencia de vida. Precisamente la vivencia de un viaje a Europa desencadeno un nuevo sentir por la America Latina, aspecto que se hace latente al decir que se es chileno y se es latinoamericano, es decir, un sentir por lo que uno es, por nuestro lugar de arraigo y por consiguiente con nuestra historia. Todo esto es de gran importancia, pero ademas un artista debe tener una vision actualizada en que : “ La identidad no tiene sentido sino se enfrenta y va asociada a las diferencias del pasado y el porvenir” , lo que nos conduce hacia un rol en que el artista exprese y exteriorice su identidad cultural y nacional, con un enfoque globalizador. Para tal efecto hablo de transculturacion ya que en esta palabra esta la clave para descubrir, no tanto lo que somos, sino como somos y seremos como cultura “Para bien o para mal nuestros paises son el producto de un gigantesco proceso de transculturacion que por sus mismas dimensiones llega hasta nuestros dias sin terminar” . Aqui una pequena parte de una gigantesca obra realizada por Patricia Israel al conmemorarse los 500 anos de "La llegada de lo blanco" a nuestro Continente La llegada de lo Blanco
La 1? mirada de asombro
noche de octubre 1492 antes los tuvieron por venidos del cielo ..
en busca de las indias
procer anonima Patricia nace en Temuco., Chile el ano 1939. Desde 1953 a 1957 realizo estudios artisticos en la Academia de Escultura del maestro Totila Albert. Estudio pintura y grabado en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile donde fue alumna de Augusto Eguiluz, Gustavo Carrasco, Jose Balmes, Alberto Perez y Eduardo Martinez Bonati. Egreso de la Universidad de Chile en 1962. Vivio en Argentina y Venezuela durante los anos 1974 y 1980; en este ultimo pais recibio gran acogida llegando a integrar el circulo local de artistas y a exponer por mas de cinco anos. Trabaja el oleo, el acrilico y tecnicas mixtas. Concibe la pintura como una practica intuitiva, de gran libertad expresiva donde convergen todas las areas del saber junto a sus propios intereses. Sobre su quehacer ha expresado: “La belleza va mas alla del color, la materia y las formas. La belleza esta en el amor, en la justicia en el respeto a la naturaleza. Creo que eso es lo que hace que me salga asi. Un poder de sintesis donde se dice todo”. A su natural talento creativo se unen un oficio riguroso, su gran conocimiento de las tecnicas tradicionales de la pintura y su dominio de la composicion y el color. Por medio de una figuracion propia y reconocible, ha abordado temas americanistas, sociopoliticos, memorias de sus propias vivencias y escenas inspiradas en sus lecturas sobre historia, arqueologia y filosofia contemporanea. En ocasiones sus criticas surten efecto en virtud de grandes dosis de ironia y fino humor negro, tal como lo demuestra la serie de pinturas que realizo en 1992, - "LA LLEGADA DE LO BLANCO" - ano en que se conmemoro los 500 anos del descubrimiento de America. De este modo, sus obras cobran un caracter emblematico que parece surgido de la conciencia colectiva. Hija de inmigrantes judios, con antepasados griegos, espanoles y rusos, Patricia Israel asume tambien su condicion de mujer, de chilena y de latinoamericana para elevar la voz contra las manifestaciones de la crueldad y el crimen en la historia de la humanidad, por medio del lenguaje del arte. Se ha desempenado como profesora de Artes Graficas en la Universidad Catolica y de la Universidad Finis Terrae desde fines de la decada del ochenta. Entre los hitos de su carrera figura como la primera mujer ganadora de la Bienal de Valparaiso. Por su indiscutible talento y aporte a la cultura y a las artes, es una de las artistas mas respetadas del ambiente artistico nacional. Vista Consulta Biografica – Museo Nacional de Bellas Artes. MAS DE SUS OBRA autorretrato cabeza de pescado manuel rodriguez aphrodisia con el deslizarse sin cicatrices la novia marina (mural, oleo 190 x 320, Valparaiso/Chile)
la pata y yo .. gran amiga, mejor creadora, incansable luchadora. 21/03/2009 | Pablo Neruda  ODA A LA CRITICA Yo escribi cinco versos: uno verde, otro era un pan redondo, el tercero una casa levantandose, el cuarto era un anillo, el quinto verso era corto como un relampago y al escribirlo me dejo en la razon su quemadura. Y bien, los hombres, las mujeres, vinieron y tomaron la sencilla materia, brizna, viento, fulgor, barro, madera y con tan poca cosa construyeron paredes, pisos, suenos, En una linea de mi poesia secaron ropa al viento. Comieron mis palabras, las guardaron junto a la cabecera, vivieron con un verso, con la luz que salio de mi costado. Entonces, llego un critico mudo y otro lleno de lenguas, y otros, otros llegaron ciegos o llenos de ojos, elegantes algunos como claveles con zapatos rojos, otros estrictamente vestidos de cadaveres, algunos partidarios del rey y su elevada monarquia, otros se habian enredado en la frente de Marx y pataleaban en su barba, otros eran ingleses, y entre todos se lanzaron con dientes y cuchillos, con diccionarios y otras armas negras, con citas respetables, se lanzaron a distupar mi pobre poesia a las sencillas gentes que la amaban: y la hicieron embudos, la enrollaron, la sujetaron con cien alfileres, la cubrieron con polvo de esqueleto, la llenaron de tinta, la escupieron con suave benignidad de gatos, la destinaron a envolver relojes, la protegieron y la condenaron, le arrimaron petroleo, le dedicaron humedos tratados, la cocieron con leche, le agregaron pequenas piedrecitas, fueron borrandole vocales, fueron matandole silabas y suspiros, la arrugaron e hicieron un pequeno paquete que destinaron cuidadosamente a sus desvanes, a sus cementerios, luego se retiraron uno a uno enfurecidos hasta la locura. Porque no fui bastante popular para ellos o impregnados de dulce menosprecio por mi ordinaria falta de tinieblas, se retiraron todos y entonces, otra vez, junto a mi poesia volvieron a vivir mujeres y hombres, que hicieron fuego, construyeron casas, comieron pan, se repartieron la luz y en el amor unieron relampago y anillo. Y ahora, perdonadme, senores, que interrumpa este cuento que les estoy contando y me vaya a vivir para siempre con la gente sencilla. ***** Konstantino Kavafis (1863-1933)  VUELVE Vuelve otra vez y tomame, amada sensacion retorna y tomame - cuando la memoria del cuerpo se despierta, y un antiguo deseo atraviesa la sangre; cuando los labios y la piel recuerdan, cuando las manos sienten que aun te tocan. Vuelve otra vez y tomame en la noche, cuando los labios y la piel recuerdan.... ***** JACQUES PREVERT Francia (1900-1977)  PARA HACER EL RETRATO DE UN PAJARO Pintar primero una jaula con la puerta abierta pintar despues algo bonito algo simple, algo bello, algo util para el pajaro. Apoyar despues la tela contra un arbol En un jardin en un soto o en un bosque esconderse tras el arbol Sin decir nada, sin moverse A veces el pajaro llega enseguida Pero puede tardar anos antes de decidirse. No hay que desanimarse Hay que esperar Esperar si es necesario durante anos La celeridad o la tardanza En la llegada del pajaro No tiene nada que ver Con la calidad del cuadro. Cuando el pajaro llega, si llega observar el mas profundo silencio esperar que el pajaro entre en la jaula y una vez que haya entrado cerrar suavemente la puerta con el pincel. Despues borrar uno a uno todos los barrotes cuidando de no tocar ninguna pluma del pajaro. Hacer acto seguido, el retrato del arbol, escogiendo la rama mas bella para el pajaro, Pintar tambien el verde follaje Y la frescura del viento, El polvillo del sol y el ruido de los bichos de la hierva en el calor estival y despues esperar que el pajaro se decida a cantar. Si el pajaro no canta, mala senal, Senal de que el cuadro es malo, Pero si canta es buena senal, Senal de que podeis firmar. Entonces arrancadle delicadamente una pluma al pajaro Y escribid vuestro nombre En un angulo del cuadro. ***** Saludos poeticos ... | 04/02/2009 | De: Un tal Lucas / Amor 77 Y despues de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten, y asi progresivamente van volviendo a ser lo que no son. | 04/01/2009 Que la vida los colme el 2009 
"...La verdad sea dicha, no hay quien resista: en una fecha así, por
arbitraria que sea, cualquiera siente la tentación de preguntarse cómo
será el tiempo que será. Y vaya uno a saber cómo será. Tenemos una
única certeza: en el siglo veintiuno, si todavía estamos aquí, todos
nosotros seremos gente del siglo pasado y, peor todavía, seremos gente
del pasado milenio.
Aunque
no podemos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos, al menos, el
derecho de imaginar el que queremos que sea. En 1948 y en 1976, las
Naciones Unidas proclamaron extensas listas de derechos humanos; pero
la inmensa mayoría de la humanidad no tiene más que el derecho de ver,
oír y callar. ¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado
derecho de soñar? ¿Qué tal si deliramos, por un ratito? Vamos a clavar
los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible:
el aire estará limpio de todo veneno que no venga de los miedos humanos y de las humanas pasiones;
en las calles, los automóviles serán aplastados por los perros;
la
gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la
computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por
el televisor;
el televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, y será tratado como la plancha o el lavarropas;
la gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar;
se
incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen
quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir nomás,
como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber
que juega;
en ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo;
los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas;
los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas;
los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos;
los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas;
la solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo;
la
muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por defunción ni
por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero;
nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene;
el
mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza,
y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra;
la comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos;
nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión;
los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle;
los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos;
la educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla;
la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla;
la
justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas,
volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda;
una
mujer, negra, será presidenta de Brasil y otra mujer, negra, será
presidenta de los Estados Unidos de América; una mujer india gobernará
Guatemala y otra, Perú;
en Argentina, las locas de Plaza de Mayo
serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en
los tiempos de la amnesia obligatoria;
la Santa Madre Iglesia corregirá las erratas de las tablas de Moisés, y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo;
la Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios: «Amarás a la naturaleza, de la que formas parte»;
serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma;
los
desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados, porque
ellos son los que se desesperaron de tanto esperar y los que se
perdieron de tanto buscar;
seremos compatriotas y contemporáneos
de todos los que tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza,
hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido, sin
que importen ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo;
la
perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses; pero en
este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida como si fuera la
última y cada día como si fuera el primero."
19/11/2008
El gato negro*
 Edgar Allan Poe * Traducción de Julio
Cortázar
No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me
dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan
su propia evidencia. Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño.
Mañana voy a morir y quisiera aliviar hoy mi alma. Mi propósito inmediato
consiste en poner de manifiesto, simple, sucintamente y sin comentarios, una
serie de episodios domésticos. Las consecuencias de esos episodios me han
aterrorizado, me han torturado y, por fin, me han destruido. Pero no intentaré
explicarlos. Si para mí han sido horribles, para otros resultarán menos
espantosos que barrocos. Más adelante, tal vez, aparecerá alguien cuya
inteligencia reduzca mis fantasmas a lugares comunes; una inteligencia más
serena, más lógica y mucho menos excitable que la mía, capaz de ver en las
circunstancias que temerosamente describiré, una vulgar sucesión de causas y
efectos naturales.
Desde la infancia me destaqué por la docilidad y bondad de mi carácter. La
ternura que abrigaba mi corazón era tan grande que llegaba a convertirme en
objeto de burla para mis compañeros. Me gustaban especialmente los animales, y
mis padres me permitían tener una gran variedad. Pasaba a su lado la mayor parte
del tiempo, y jamás me sentía más feliz que cuando les daba de comer y los
acariciaba. Este rasgo de mi carácter creció conmigo y, cuando llegué a la
virilidad, se convirtió en una de mis principales fuentes de placer. Aquellos
que alguna vez han experimentado cariño hacia un perro fiel y sagaz no necesitan
que me moleste en explicarles la naturaleza o la intensidad de la retribución
que recibía. Hay algo en el generoso y abnegado amor de un animal que llega
directamente al corazón de aquel que con frecuencia ha probado la falsa amistad
y la frágil fidelidad del hombre.
Me casé joven y tuve la alegría de que mi esposa compartiera mis
preferencias. Al observar mi gusto por los animales domésticos, no perdía
oportunidad de procurarme los más agradables de entre ellos. Teníamos pájaros,
peces de colores, un hermoso perro, conejos, un monito y un gato.
Este último era un animal de notable tamaño y hermosura, completamente negro
y de una sagacidad asombrosa. Al referirse a su inteligencia, mi mujer, que en
el fondo era no poco supersticiosa, aludía con frecuencia a la antigua creencia
popular de que todos los gatos negros son brujas metamorfoseadas. No quiero
decir que lo creyera seriamente, y sólo menciono la cosa porque acabo de
recordarla.
Plutón -tal era el nombre del gato- se había convertido en mi favorito y mi
camarada. Sólo yo le daba de comer y él me seguía por todas partes en casa. Me
costaba mucho impedir que anduviera tras de mí en la calle.
Nuestra amistad duró así varios años, en el curso de los cuales (enrojezco al
confesarlo) mi temperamento y mi carácter se alteraron radicalmente por culpa
del demonio. Intemperancia. Día a día me fui volviendo más melancólico,
irritable e indiferente hacia los sentimientos ajenos. Llegué, incluso, a hablar
descomedidamente a mi mujer y terminé por infligirle violencias personales. Mis
favoritos, claro está, sintieron igualmente el cambio de mi carácter. No sólo
los descuidaba, sino que llegué a hacerles daño. Hacia Plutón, sin embargo,
conservé suficiente consideración como para abstenerme de maltratarlo, cosa que
hacía con los conejos, el mono y hasta el perro cuando, por casualidad o movidos
por el afecto, se cruzaban en mi camino. Mi enfermedad, empero, se agravaba
-pues, ¿qué enfermedad es comparable al alcohol?-, y finalmente el mismo Plutón,
que ya estaba viejo y, por tanto, algo enojadizo, empezó a sufrir las
consecuencias de mi mal humor.
Una noche en que volvía a casa completamente embriagado, después de una de
mis correrías por la ciudad, me pareció que el gato evitaba mi presencia. Lo
alcé en brazos, pero, asustado por mi violencia, me mordió ligeramente en la
mano. Al punto se apoderó de mí una furia demoníaca y ya no supe lo que hacía.
Fue como si la raíz de mi alma se separara de golpe de mi cuerpo; una maldad más
que diabólica, alimentada por la ginebra, estremeció cada fibra de mi ser.
Sacando del bolsillo del chaleco un cortaplumas, lo abrí mientras sujetaba al
pobre animal por el pescuezo y, deliberadamente, le hice saltar un ojo.
Enrojezco, me abraso, tiemblo mientras escribo tan condenable atrocidad.
Cuando la razón retornó con la mañana, cuando hube disipado en el sueño los
vapores de la orgía nocturna, sentí que el horror se mezclaba con el
remordimiento ante el crimen cometido; pero mi sentimiento era débil y ambiguo,
no alcanzaba a interesar al alma. Una vez más me hundí en los excesos y muy
pronto ahogué en vino los recuerdos de lo sucedido.
El gato, entretanto, mejoraba poco a poco. Cierto que la órbita donde faltaba
el ojo presentaba un horrible aspecto, pero el animal no parecía sufrir ya. Se
paseaba, como de costumbre, por la casa, aunque, como es de imaginar, huía
aterrorizado al verme. Me quedaba aún bastante de mi antigua manera de ser para
sentirme agraviado por la evidente antipatía de un animal que alguna vez me
había querido tanto. Pero ese sentimiento no tardó en ceder paso a la
irritación. Y entonces, para mi caída final e irrevocable, se presentó el
espíritu de la perversidad. La filosofía no tiene en cuenta a este espíritu; y,
sin embargo, tan seguro estoy de que mi alma existe como de que la perversidad
es uno de los impulsos primordiales del corazón humano, una de las facultades
primarias indivisibles, uno de esos sentimientos que dirigen el carácter del
hombre. ¿Quién no se ha sorprendido a sí mismo cien veces en momentos en que
cometía una acción tonta o malvada por la simple razón de que no debía
cometerla? ¿No hay en nosotros una tendencia permanente, que enfrenta
descaradamente al buen sentido, una tendencia a transgredir lo que constituye la
Ley por el solo hecho de serlo? Este espíritu de perversidad se presentó, como
he dicho, en mi caída final. Y el insondable anhelo que tenía mi alma de vejarse
a sí misma, de violentar su propia naturaleza, de hacer mal por el mal mismo, me
incitó a continuar y, finalmente, a consumar el suplicio que había infligido a
la inocente bestia. Una mañana, obrando a sangre fría, le pasé un lazo por el
pescuezo y lo ahorqué en la rama de un árbol; lo ahorqué mientras las lágrimas
manaban de mis ojos y el más amargo remordimiento me apretaba el corazón; lo
ahorqué porque recordaba que me había querido y porque estaba seguro de que no
me había dado motivo para matarlo; lo ahorqué porque sabía que, al hacerlo,
cometía un pecado, un pecado mortal que comprometería mi alma hasta llevarla -si
ello fuera posible- más allá del alcance de la infinita misericordia del Dios
más misericordioso y más terrible.
La noche de aquel mismo día en que cometí tan cruel acción me despertaron
gritos de: "¡Incendio!" Las cortinas de mi cama eran una llama viva y toda la
casa estaba ardiendo. Con gran dificultad pudimos escapar de la conflagración mi
mujer, un sirviente y yo. Todo quedó destruido. Mis bienes terrenales se
perdieron y desde ese momento tuve que resignarme a la desesperanza.
No incurriré en la debilidad de establecer una relación de causa y efecto
entre el desastre y mi criminal acción. Pero estoy detallando una cadena de
hechos y no quiero dejar ningún eslabón incompleto. Al día siguiente del
incendio acudí a visitar las ruinas. Salvo una, las paredes se habían
desplomado. La que quedaba en pie era un tabique divisorio de poco espesor,
situado en el centro de la casa, y contra el cual se apoyaba antes la cabecera
de mi lecho. El enlucido había quedado a salvo de la acción del fuego, cosa que
atribuí a su reciente aplicación. Una densa muchedumbre habíase reunido frente a
la pared y varias personas parecían examinar parte de la misma con gran atención
y detalle. Las palabras "¡extraño!, ¡curioso!" y otras similares excitaron mi
curiosidad. Al aproximarme vi que en la blanca superficie, grabada como un
bajorrelieve, aparecía la imagen de un gigantesco gato. El contorno tenía una
nitidez verdaderamente maravillosa. Había una soga alrededor del pescuezo del
animal.
Al descubrir esta aparición -ya que no podía considerarla otra cosa- me sentí
dominado por el asombro y el terror. Pero la reflexión vino luego en mi ayuda.
Recordé que había ahorcado al gato en un jardín contiguo a la casa. Al
producirse la alarma del incendio, la multitud había invadido inmediatamente el
jardín: alguien debió de cortar la soga y tirar al gato en mi habitación por la
ventana abierta. Sin duda, habían tratado de despertarme en esa forma.
Probablemente la caída de las paredes comprimió a la víctima de mi crueldad
contra el enlucido recién aplicado, cuya cal, junto con la acción de las llamas
y el amoniaco del cadáver, produjo la imagen que acababa de ver.
Si bien en esta forma quedó satisfecha mi razón, ya que no mi conciencia,
sobre el extraño episodio, lo ocurrido impresionó profundamente mi imaginación.
Durante muchos meses no pude librarme del fantasma del gato, y en todo ese
tiempo dominó mi espíritu un sentimiento informe que se parecía, sin serlo, al
remordimiento. Llegué al punto de lamentar la pérdida del animal y buscar, en
los viles antros que habitualmente frecuentaba, algún otro de la misma especie y
apariencia que pudiera ocupar su lugar.
Una noche en que, borracho a medias, me hallaba en una taberna más que
infame, reclamó mi atención algo negro posado sobre uno de los enormes toneles
de ginebra que constituían el principal moblaje del lugar. Durante algunos
minutos había estado mirando dicho tonel y me sorprendió no haber advertido
antes la presencia de la mancha negra en lo alto. Me aproximé y la toqué con la
mano. Era un gato negro muy grande, tan grande como Plutón y absolutamente igual
a éste, salvo un detalle. Plutón no tenía el menor pelo blanco en el cuerpo,
mientras este gato mostraba una vasta aunque indefinida mancha blanca que le
cubría casi todo el pecho.
Al sentirse acariciado se enderezó prontamente, ronroneando con fuerza, se
frotó contra mi mano y pareció encantado de mis atenciones. Acababa, pues, de
encontrar el animal que precisamente andaba buscando. De inmediato, propuse su
compra al tabernero, pero me contestó que el animal no era suyo y que jamás lo
había visto antes ni sabía nada de él.
Continué acariciando al gato y, cuando me disponía a volver a casa, el animal
pareció dispuesto a acompañarme. Le permití que lo hiciera, deteniéndome una y
otra vez para inclinarme y acariciarlo. Cuando estuvo en casa, se acostumbró a
ella de inmediato y se convirtió en el gran favorito de mi mujer.
Por mi parte, pronto sentí nacer en mí una antipatía hacia aquel animal. Era
exactamente lo contrario de lo que había anticipado, pero -sin que pueda decir
cómo ni por qué- su marcado cariño por mí me disgustaba y me fatigaba.
Gradualmente, el sentimiento de disgusto y fatiga creció hasta alcanzar la
amargura del odio. Evitaba encontrarme con el animal; un resto de vergüenza y el
recuerdo de mi crueldad de antaño me vedaban maltratarlo. Durante algunas
semanas me abstuve de pegarle o de hacerlo víctima de cualquier violencia; pero
gradualmente -muy gradualmente- llegué a mirarlo con inexpresable odio y a huir
en silencio de su detestable presencia, como si fuera una emanación de la peste.
Lo que, sin duda, contribuyó a aumentar mi odio fue descubrir, a la mañana
siguiente de haberlo traído a casa, que aquel gato, igual que Plutón, era
tuerto. Esta circunstancia fue precisamente la que lo hizo más grato a mi mujer,
quien, como ya dije, poseía en alto grado esos sentimientos humanitarios que
alguna vez habían sido mi rasgo distintivo y la fuente de mis placeres más
simples y más puros.
El cariño del gato por mí parecía aumentar en el mismo grado que mi aversión.
Seguía mis pasos con una pertinencia que me costaría hacer entender al lector.
Dondequiera que me sentara venía a ovillarse bajo mi silla o saltaba a mis
rodillas, prodigándome sus odiosas caricias. Si echaba a caminar, se metía entre
mis pies, amenazando con hacerme caer, o bien clavaba sus largas y afiladas uñas
en mis ropas, para poder trepar hasta mi pecho. En esos momentos, aunque ansiaba
aniquilarlo de un solo golpe, me sentía paralizado por el recuerdo de mi primer
crimen, pero sobre todo -quiero confesarlo ahora mismo- por un espantoso temor
al animal.
Aquel temor no era precisamente miedo de un mal físico y, sin embargo, me
sería imposible definirlo de otra manera. Me siento casi avergonzado de
reconocer, sí, aún en esta celda de criminales me siento casi avergonzado de
reconocer que el terror, el espanto que aquel animal me inspiraba, era
intensificado por una de las más insensatas quimeras que sería dado concebir.
Más de una vez mi mujer me había llamado la atención sobre la forma de la mancha
blanca de la cual ya he hablado, y que constituía la única diferencia entre el
extraño animal y el que yo había matado. El lector recordará que esta mancha,
aunque grande, me había parecido al principio de forma indefinida; pero
gradualmente, de manera tan imperceptible que mi razón luchó durante largo
tiempo por rechazarla como fantástica, la mancha fue asumiendo un contorno de
rigurosa precisión. Representaba ahora algo que me estremezco al nombrar, y por
ello odiaba, temía y hubiera querido librarme del monstruo si hubiese sido capaz
de atreverme; representaba, digo, la imagen de una cosa atroz, siniestra..., ¡la
imagen del patíbulo! ¡Oh lúgubre y terrible máquina del horror y del crimen, de
la agonía y de la muerte!
Me sentí entonces más miserable que todas las miserias humanas. ¡Pensar que
una bestia, cuyo semejante había yo destruido desdeñosamente, una bestia era
capaz de producir tan insoportable angustia en un hombre creado a imagen y
semejanza de Dios! ¡Ay, ni de día ni de noche pude ya gozar de la bendición del
reposo! De día, aquella criatura no me dejaba un instante solo; de noche,
despertaba hora a hora de los más horrorosos sueños, para sentir el ardiente
aliento de la cosa en mi rostro y su terrible peso -pesadilla encarnada de la
que no me era posible desprenderme- apoyado eternamente sobre mi corazón.
Bajo el agobio de tormentos semejantes, sucumbió en mí lo poco que me quedaba
de bueno. Sólo los malos pensamientos disfrutaban ya de mi intimidad; los más
tenebrosos, los más perversos pensamientos. La melancolía habitual de mi humor
creció hasta convertirse en aborrecimiento de todo lo que me rodeaba y de la
entera humanidad; y mi pobre mujer, que de nada se quejaba, llegó a ser la
habitual y paciente víctima de los repentinos y frecuentes arrebatos de ciega
cólera a que me abandonaba.
Cierto día, para cumplir una tarea doméstica, me acompañó al sótano de la
vieja casa donde nuestra pobreza nos obligaba a vivir. El gato me siguió
mientras bajaba la empinada escalera y estuvo a punto de tirarme cabeza abajo,
lo cual me exasperó hasta la locura. Alzando un hacha y olvidando en mi rabia
los pueriles temores que hasta entonces habían detenido mi mano, descargué un
golpe que hubiera matado instantáneamente al animal de haberlo alcanzado. Pero
la mano de mi mujer detuvo su trayectoria. Entonces, llevado por su intervención
a una rabia más que demoníaca, me zafé de su abrazo y le hundí el hacha en la
cabeza. Sin un solo quejido, cayó muerta a mis pies.
Cumplido este espantoso asesinato, me entregué al punto y con toda sangre
fría a la tarea de ocultar el cadáver. Sabía que era imposible sacarlo de casa,
tanto de día como de noche, sin correr el riesgo de que algún vecino me
observara. Diversos proyectos cruzaron mi mente. Por un momento pensé en
descuartizar el cuerpo y quemar los pedazos. Luego se me ocurrió cavar una tumba
en el piso del sótano. Pensé también si no convenía arrojar el cuerpo al pozo
del patio o meterlo en un cajón, como si se tratara de una mercadería común, y
llamar a un mozo de cordel para que lo retirara de casa. Pero, al fin, di con lo
que me pareció el mejor expediente y decidí emparedar el cadáver en el sótano,
tal como se dice que los monjes de la Edad Media emparedaban a sus víctimas.
El sótano se adaptaba bien a este propósito. Sus muros eran de material poco
resistente y estaban recién revocados con un mortero ordinario, que la humedad
de la atmósfera no había dejado endurecer. Además, en una de las paredes se veía
la saliencia de una falsa chimenea, la cual había sido rellenada y tratada de
manera semejante al resto del sótano. Sin lugar a dudas, sería muy fácil sacar
los ladrillos en esa parte, introducir el cadáver y tapar el agujero como antes,
de manera que ninguna mirada pudiese descubrir algo sospechoso.
No me equivocaba en mis cálculos. Fácilmente saqué los ladrillos con ayuda de
una palanca y, luego de colocar cuidadosamente el cuerpo contra la pared
interna, lo mantuve en esa posición mientras aplicaba de nuevo la mampostería en
su forma original. Después de procurarme argamasa, arena y cerda, preparé un
enlucido que no se distinguía del anterior y revoqué cuidadosamente el nuevo
enladrillado. Concluida la tarea, me sentí seguro de que todo estaba bien. La
pared no mostraba la menor señal de haber sido tocada. Había barrido hasta el
menor fragmento de material suelto. Miré en torno, triunfante, y me dije: "Aquí,
por lo menos, no he trabajado en vano".
Mi paso siguiente consistió en buscar a la bestia causante de tanta
desgracia, pues al final me había decidido a matarla. Si en aquel momento el
gato hubiera surgido ante mí, su destino habría quedado sellado, pero, por lo
visto, el astuto animal, alarmado por la violencia de mi primer acceso de
cólera, se cuidaba de aparecer mientras no cambiara mi humor. Imposible
describir o imaginar el profundo, el maravilloso alivio que la ausencia de la
detestada criatura trajo a mi pecho. No se presentó aquella noche, y así, por
primera vez desde su llegada a la casa, pude dormir profunda y tranquilamente;
sí, pude dormir, aun con el peso del crimen sobre mi alma.
Pasaron el segundo y el tercer día y mi atormentador no volvía. Una vez más
respiré como un hombre libre. ¡Aterrado, el monstruo había huido de casa para
siempre! ¡Ya no volvería a contemplarlo! Gozaba de una suprema felicidad, y la
culpa de mi negra acción me preocupaba muy poco. Se practicaron algunas
averiguaciones, a las que no me costó mucho responder. Incluso hubo una
perquisición en la casa; pero, naturalmente, no se descubrió nada. Mi
tranquilidad futura me parecía asegurada.
Al cuarto día del asesinato, un grupo de policías se presentó inesperadamente
y procedió a una nueva y rigurosa inspección. Convencido de que mi escondrijo
era impenetrable, no sentí la más leve inquietud. Los oficiales me pidieron que
los acompañara en su examen. No dejaron hueco ni rincón sin revisar. Al final,
por tercera o cuarta vez, bajaron al sótano. Los seguí sin que me temblara un
solo músculo. Mi corazón latía tranquilamente, como el de aquel que duerme en la
inocencia. Me paseé de un lado al otro del sótano. Había cruzado los brazos
sobre el pecho y andaba tranquilamente de aquí para allá. Los policías estaban
completamente satisfechos y se disponían a marcharse. La alegría de mi corazón
era demasiado grande para reprimirla. Ardía en deseos de decirles, por lo menos,
una palabra como prueba de triunfo y confirmar doblemente mi inocencia.
-Caballeros -dije, por fin, cuando el grupo subía la escalera-, me alegro
mucho de haber disipado sus sospechas. Les deseo felicidad y un poco más de
cortesía. Dicho sea de paso, caballeros, esta casa está muy bien construida...
(En mi frenético deseo de decir alguna cosa con naturalidad, casi no me daba
cuenta de mis palabras). Repito que es una casa de excelente construcción. Estas
paredes... ¿ya se marchan ustedes, caballeros?... tienen una gran solidez.
Y entonces, arrastrado por mis propias bravatas, golpeé fuertemente con el
bastón que llevaba en la mano sobre la pared del enladrillado tras de la cual se
hallaba el cadáver de la esposa de mi corazón.
¡Que Dios me proteja y me libre de las garras del archidemonio! Apenas había
cesado el eco de mis golpes cuando una voz respondió desde dentro de la tumba.
Un quejido, sordo y entrecortado al comienzo, semejante al sollozar de un niño,
que luego creció rápidamente hasta convertirse en un largo, agudo y continuo
alarido, anormal, como inhumano, un aullido, un clamor de lamentación, mitad de
horror, mitad de triunfo, como sólo puede haber brotado en el infierno de la
garganta de los condenados en su agonía y de los demonios exultantes en la
condenación.
Hablar de lo que pensé en ese momento sería locura. Presa de vértigo, fui
tambaleándome hasta la pared opuesta. Por un instante el grupo de hombres en la
escalera quedó paralizado por el terror. Luego, una docena de robustos brazos
atacaron la pared, que cayó de una pieza. El cadáver, ya muy corrompido y
manchado de sangre coagulada, apareció de pie ante los ojos de los espectadores.
Sobre su cabeza, con la roja boca abierta y el único ojo como de fuego, estaba
agazapada la horrible bestia cuya astucia me había inducido al asesinato y cuya
voz delatadora me entregaba al verdugo. ¡Había emparedado al monstruo en la
tumba!
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